
Hace poco leí un artículo de Richard Crump llamado “The new ERM”. La idea principal es la misma que hemos expuesto en una nota anterior de este mismo blog. El modelo de gestión del riesgo de las empresas (ERM) está virando desde un enfoque tradicional basado en los riesgos económico-financieros a uno mucho más complejo que incluye aspectos ambientales y sociales.
A su vez, esta combinación de fuentes diversas de riesgos cambia los plazos de ejecución de la gestión de riesgos: necesariamente, los tiempos necesarios para trabajar, prevenir o mitigar los riesgos sociales y ambientales son mucho más largos que aquellos horizontes de acción planteados para la gestión de los riesgos económicos.
Grandes procesos demográficos y climáticos están alterando la manera de hacer los negocios. El crecimiento de la población mundial y la distribución de la riqueza se combina con la escasez de recursos naturales renovables (principalmente el agua) y no renovables (minerales, petróleo, etc.). Inventamos nuevos contaminantes todos los días. Los clientes de la punta de la pirámide comienzan incipientemente a tener mayor conciencia ambiental y social al momento de elegir sus productos. La estructura de gobierno corporativo pasó de ser un tema menor a uno fundamental para muchos accionistas, que ya han visto colapsar colosos supuestamente indestructibles por escándalos de corrupción y mala toma de decisiones.
La reputación corporativa es un intangible fundamental en este contexto, y no existen maneras infalibles de blindar a las compañías de tantos riesgos “nuevos”. Con un problema adicional que realmente cambia el enfoque tradicional del ERM. Estos nuevos riesgos no pueden cubrirse con seguros. No conozco ninguna compañía aseguradora que brinde una póliza contra daños a la reputación corporativa. La reputación corporativa es inasegurable. Pero, como dice Crump, que un riesgo sea inasegurable no quiere decir que sea intratable (uninsurable does not mean un-addressable).
La clave está en incluir todas las fuentes de riesgo (económico, social, ambiental, político, cultural, demográfico, legal, ético, etc.) en un nuevo contexto de ERM donde, en vez de contratar un seguro para reducir el riesgo, las corporaciones debieran ser ciudadanos corporativos activos en la prevención de los riesgos, no sólo propios, sino de toda la sociedad donde operan. Porque en este contexto es imposible pensar que una empresa podrá salir indemne de un problema global. El “ERM individual” es una quimera; en este contexto, la única manera de atender los riesgos que acechan es de manera colectiva. Es imperiosa una mayor asociación y verdadero trabajo colectivo entre empresas, gobiernos, ONGs, organismos internacionales y personas individuales. Pensar en pagar seguros para mitigar problemas es un gasto y no una inversión, ya que los problemas que enfrenta cada corporación son inabordables para cada una de manera individual.
Por este motivo, implicarse estratégicamente en los problemas sociales y ambientales de la comunidad global no es una opción. Una verdadera estrategia de desarrollo sustentable es el único camino posible para colaborar en la minimización de los riesgos que ya impactan directamente en la rentabilidad de las empresas.
Joel Glotzer