
Hoy, con la salida de la primera estrella, comenzará el Día de Perdón (Iom Kipur) para la religión judía. Es el día más sagrado del año, que permite a cada uno, a través de la introspección y el sincero arrepentimiento (teshuvá), borrar los errores del año anterior aprendiendo de ellos de cara al futuro, pidiendo ser inscriptos en el libro de la vida, paz y bendición. Pero con arrepentirse no alcanza: hace falta también la tzedaká (solidaridad), colaborar con el otro, puesto que el ser humano se realiza a través de la vida en sociedad.
Al respecto, uno de los conceptos más trascendentales que enseña el judaísmo es el del Tikún Olam o “Reparación del Mundo”. El Universo es como una gran vasija que se quebró, y es labor de cada uno contribuir a repararla; una verdadera tarea colectiva. El concepto de Tikún Olam se utiliza también como base religiosa del la importancia de colaborar con las necesidades del prójimo, de la justicia social.
Siendo judío y un convencido de la importancia de la responsabilidad social individual y corporativa, creo que de alguna manera las prácticas modernas pueden conectarse con las sagradas escrituras y con las enseñanzas de grandes maestros de la antigüedad. Arrepentirse de los errores y aportar a la justicia social, colaborar desde el lugar de cada uno a lograr un Mundo mejor para todos podría perfectamente ser una definición adecuada para el concepto de RSE. O no?
Más allá del basamento ético del concepto de Tikún Olam y la tzedaká, creo que objetivamente es una manera de construir una sociedad global sustentable. No pretendo calcular el ROI de la tzedaká hoy a la noche, pero les aseguro que lo tiene, tanto a nivel personal como colectivo.
Gmar Jatimá Tová (buen ayuno),
Joel Glotzer
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