
Después de leer esta excelente nota del Prof. Moreno Nieto, se nos ocurrió brindar a nuestros lectores una mirada alternativa a la gestión de los riesgos. Habla del riesgo reputacional, el riesgo legal y el riesgo social y cómo, en caso de no atenderlos, se podrá arruinar rápidamente cualquier empresa.
Nuestra idea es presentar una visión complementaria. Si partimos de la noción básica de la triple cuenta de resultados (o, mejor dicho, cuádruple, tal cual explicamos aquí), a cada cuenta le corresponde un riesgo. Cualquier empresa enfrenta, en primer lugar, el riesgo económico. Hacer un correcto análisis de riesgo económico es fundamental para obtener una rentabilidad adecuada. No nos vamos a detener en esta asunto porque no es nuestro metier específico.
Ya en nuestro terreno habitual, encontramos el riesgo ambiental. Toda la literatura sobre ISO 14.000 es muy útil para entender qué es un aspecto y qué un impacto ambiental. Los pasivos ambientales son claves en el contexto de negocios actuales. Desastres ecológicos conllevan a un deterioro significativo tanto económico como de reputación para cualquier empresa. Prever, mitigar, planificar, responder, invertir en temas medioambientales no son un gasto sino una inversión que paga sus dividendos. Sino, sólo resta indagar sobre Union Carbide en Bophal, Exxon Valdez o BP en el Golfo de México.
En tercer lugar, el riesgo social. Mucho menos comprendido que el anterior, pero igual de poderoso. Cada empresa debe hacer un mapeo de sus grupos de interés locales y relevar sus expectativas para poder dar responder a ellas. Cuanto mayor nivel de confianza alcance la empresa con la comunidad, menor el riesgo y más visibles las posibles amenazas que puedan surgir. Y no se trata de cambiar donaciones a cambio de la transfiguración de la comunidades. El conflicto de la minería en Famatina (Argentina) puede leerse en esta clave, o Botnia en Uruguay, sólo por citar ejemplos cercanos geográficamente.
Y por último, pero no por eso menos importante, el riesgo ético. Lehman Brothers, Skanska, Siemens y tantos otros gobiernos corporativos defectuosos y mal controlados han llevado a pérdidas millonarias a muchas empresas. Las políticas anti corrupción y los manuales de gobierno corporativo tienen sentido en tanto permiten evitar riesgos cuyos valores son incalculables. Porque las multas que fijen los estados pueden estimarse, pero la reacción un un mercado de consumidores cada vez más atento (por suerte) a estas cuestiones castigan a las empresas que emplean prácticas ilegales de contratación o que se conducen de manera desleal ante sus competidores, clientes o proveedores.
Cada P de la RSE se aparea con un tipo de riesgo. Entonces, si necesitan en algún momento de una regla mnemotécnica para entender los tipos de riesgo (o para arruinar una empresa en simples pasos, como dice irónicamente el Prof. Moreno Nieto), recuerden las 4P de la RSE. Con eso, tienen mucho material como para empezar. Si necesitan más, nos avisan. Para eso estamos.
Joel Glotzer
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