El camino de emprender un nuevo negocio es arduo y trabajoso. Eso no es ninguna novedad para todos aquellos que hemos decidido desandar el camino del cuentapropismo. Existen, por suerte varias, incubadoras, concursos y aceleradoras que, por estas latitudes, fomentan el emprendedorismo y apoyan la creación de nuevos negocios. En los últimos meses, hemos tenido la oportunidad de participar de algunos de estos espacios, que nos llevaron a realizar algunas reflexiones que compartimos a continuación.
Para los organizadores de estos concursos, es diplomáticamente correcto incluir categorías de “negocios sustentables”. Por el lado de los postulantes, hemos constatado que muchos proyectos incluyen consideraciones de sustentabilidad pero, al mirar los planes de negocios en detalle, no las pueden defender.
Esta situación nos alentó a escribir este post para colaborar con aquellos emprendedores que quieran impulsar negocios verdaderamente sustentables desde la cuna. Para ello, proponemos basarnos en dos conceptos fundantes que surgen de la teoría: el Triple Bottom Line (TBL) y el Stakeholder Approach (SA).
En una línea, la TBL implica que el negocio debe ser económicamente rentable, medioambientalmente equilibrado y socialmente aceptable (tanto para el público interno como externo). Los planes de negocios suelen hacer énfasis en la primera cuestión, pues es lo que suelen mirar los inversores. Pero las otras consideraciones generalmente no figuran en lo más mínimo, ni tampoco son exigidas por los evaluadores. Prever los impactos ambientales y las posibles repercusiones sociales que traerá nuestro emprendimiento e incluirlos en el plan de negocios es el primer paso hacia un negocio sustentable desde la concepción del proyecto.
Otra omisión común es no mencionar el impacto que tendrá el emprendimiento en los distintos grupos de interés relacionados (SA). ¿Qué repercusión tendrá el negocio en la comunidad donde se operará? ¿Tendrá algún impacto medioambiental relevante? Son necesarias condiciones de seguridad particulares para los empleados? ¿El Start-up requerirá horas extras del personal? ¿Se evaluaron posibilidades de tele-trabajo? Estos y otros cuestionamientos pueden agregar mucho valor al inversionista al evaluar los proyectos.
Y para los organizadores de concursos, además de incluir estas categorías, lo que sería valioso es que puedan brindar herramientas conceptuales a los participantes para lograr incluir estas consideraciones en sus planes de negocios. Se trata de exigir más: además del minucioso detalle del negocio, oportunidad, mercado, márgenes y retornos, debería ser requisito que cada emprendedor explique cómo aportará, desde su nuevo negocio, al desarrollo sostenible.
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